Día Internacional de la Corrección de Estilo

El 5 de noviembre del 2011, en las instalaciones de la Biblioteca José Vasconcelos, se celebró el Día Internacional de la Corrección de Estilo, en un evento organizado por los Profesionales de la Edición, AC (PEAC).

El programa tuvo mesas de trabajo y clínicas sobre la corrección de estilo, además de dos conferencias magistrales, una de ellas llevada a cabo por el maestro Raúl Ávila. El evento contó con la presencia de Ana Lilia Arias, presidenta del PEAC, varios correctores y editores, así como interesados en la materia.

En esa ocasión, el evento estuvo dedicado a Gabriel García Márquez, quien mantenía una constante gratitud a sus correctores de estilo. Al respecto, se proyectaron algunos videos sobre la vida y obra del premio Nobel colombiano.

El lema de la asociación es “Conseguir como grupo lo que no es fácil conseguir como individuo”. Con todos estos trabajos, se busca, entre otras cosas, profesionalizar la corrección de estilo y darle el justo lugar que merece dentro del trabajo editorial, lo cual implica una revaloración del mismo a nivel internacional. En relación a esto, la presidenta del PEAC dijo que “como correctores, hay que buscar nuestra identidad”.

La primera parte del día estuvo dedicado a las mesas de trabajo “Qué es y qué no es la corrección de estilo”; yo tuve la oportunidad de asistir a la mesa 2, donde se habló del punto de vista de quienes la demandan.

Aquí, se intercambiaron opiniones sobre el trabajo del corrector, el editor y la importancia que tiene cada uno de ellos en el proceso editorial, su relación con el autor y finalmente, el mercado meta: los lectores. Así pues, a partir de la pregunta “¿qué debe tener un corrector de estilo para contratarlo?”, se resaltaron algunos puntos importantes:

• Que el corrector no corrija de más.
• Que sea consistente.
• Que no sea obsesivo.
• Que no se tome atribuciones.
• Que tenga ortografía impecable.
• Que respete el estilo del autor.
• Que corrija lo necesario.
• Que haya especializaciones en áreas de corrección.

Se reiteró que el corrector no reescribe, corrige; propone mejoras al lenguaje escrito, en la organización y orden lógico de las ideas dentro del texto.

Durante la tarde hubo tres clínicas de corrección. En la Clínica de Corrección de Poesía, impartida por el maestro Carlos López, director de Editorial Praxis, se habló de que en la poesía impera la sugerencia en el trabajo del corrector. Debe tener en cuenta, entre muchas cosas, los blancos de la hoja, la lógica interna del poema y la relación estrecha con el poeta; incluso, analizar y platicar con él sobre los poemas que puedan estar escritos sin tener signos de puntuación, si cada cosa en la hoja está justificada dentro de una lógica creativa y si es posible proponer al texto del autor; finalmente, será éste quien tenga la última palabra.

De todo lo anterior, quedan muchas preguntas por responder; yo tan sólo tengo algunas reflexiones personales que surgieron a partir de este grato encuentro con los correctores de estilo.

El corrector no es editor y el editor no es corrector. Sin embargo, el editor debe conocer el trabajo de corrección. Me parece importante, también, que el corrector esté especializado, pero no creo que sea lo único. Si el corrector es bueno en su trabajo, podrá adaptarse a las necesidades del texto, pero los editores tenemos que brindarle las herramientas para que lleve a cabo su trabajo, tales como manuales de criterios editoriales, objetivos de la empresa, literatura interna y constante asesoría sobre el mercado meta y sector específico al cual van dirigidos los proyectos, entre otras muchas cosas.

En la empresa para la cual trabajo, algunas personas minimizaban el puesto de corrector de estilo. Sin embargo, en su momento se contrató a uno, excelente en su labor y que ha sabido adaptarse a las necesidades de los proyectos editoriales que se desarrollan en el corporativo. Con su presencia, el departamento editorial de esta oficina logró ser más eficientes, abatir errores, desarrollo y mejoras de procesos y proyectos, adelantarnos a los tiempos de entrega sobre cronograma de producción y, sobre todo, brindar una mejor publicación para los lectores.

Todos somos importantes en el proceso de edición: las secretarias, los correctores, los diseñadores, los impresores, los editores, los gerentes y el autor. Todos van encaminados a un solo objetivo: el lector. Dependemos unos de otros para brindar un producto de mejor calidad y fomentar, así, la cultura y la lectura dentro de nuestro contexto social.

Debemos aspirar a olvidarnos del ego que existe entre editores y correctores, y darle su merecido lugar al corrector de estilo a nivel profesional. El corrector de estilo es el eslabón entre el editor y el autor; una pieza clave dentro del proceso editorial de calidad.