Loba, de Verónica Murguía

20 de agosto del 2013

Conocí a Verónica Murguía cuando tomé el diplomado en la Sogem y fue una de las maestras con las que más aprendí.

Curiosamente hace poco tiempo, releí su novela Ladridos y conjuros, y volví a maravillarme al ver que los perros y los gatos de la Colonia del Valle, lograban superar sus diferencias para hacerle frente a un enemigo escondido bajo las cloacas de la ciudad. ¡Todo gracias a la magia!

Entonces me enteré que Loba, su más reciente novela, había ganado el premio Gran Angular 2013, y no quise esperar mucho para aventurarme en el reino del dragón y del unicornio. Y es que después de leer Loba, la vida ya no es igual. El mundo cambia, y dentro de la realidad, nuestra realidad, se puede sentir la magia que uno se lleva cuando regresa de ese mundo, al principio lejano, luego tan cerca que palpita junto a nosotros.

Escribir sobre la guerra es algo que a muchos nos gusta. Pero no es porque se exalte la guerra en sí. Como bien dice Verónica, no se escribe sobre la violencia para dignificarla, sino para mostrarla y para decir “yo no quiero participar de esa violencia”; es decir, vernos en los personajes malvados y regresar a nuestro mundo con la idea, la esperanza o la ensoñación, de que no deseamos formar parte de la violencia real que nos acecha todos los días.

Y eso es lo que sucede con Soledad, la protagonista de la historia de Loba, una joven que evoluciona, que ve más allá de la guerra, que trasciende el corazón humano y se deja tocar por la magia. Soledad cambia y nosotros cambiamos con ella.

Hija del Gran Lobo, soberano del reino de Moriana, Soledad se verá en una aventura donde conocerá el amor, la magia, el falso honor de morir en el campo de batalla, la humanidad que se refleja incluso en los ojos del enemigo y el momento en el que se detiene en alto la espada, dudando en darle fin al opositor.

Podría parecernos desconcertante el rumbo que toman las cosas; pero Verónica es valiente al romper paradigmas, lo que la coloca como una de las mejores narradores de la literatura fantástica épica de la actualidad. Por ejemplo, el fin de un antiguo conflicto entre los magos de Alosna y los hombres de Moriana, a través del amor que nace de Cuervo, un joven mago, y Soledad, la hija del Lobo, el rey.

Pero Soledad también tiene una misión; una misión relacionada con el dragón que somete a los poblados con su fuego infernal, y con el unicornio, el amo del bosque y de los animales. Y es entonces cuando nuestras emociones se mueven hacia otros rumbos. Queremos que Soledad y Cuervo estén juntos, pero también queremos ver a la magia de estos seres maravillosos, el unicornio y el dragón, entrar en juego junto con Soledad y su devenir como futura reina de Moriana.

Sentimos empatía y nos asombramos ante el poder del unicornio sobre la naturaleza y los animales, su justicia despiadada contra los malvados, y la aflicción que siente por encontrar a la Loba.

Y, ¿qué decir de Tengri, el dragón? Los dragones son creaturas que siempre tendrán nuestra admiración. Pero en este caso, podríamos considerar a Tengri como el antagonista de la historia. Generalmente, sentimos aberración por los malvados. Pero en el caso de Tengri, uno puede sentir tal compasión por él, que quisiera uno salvarlo de sí mismo y mirar el mundo desde sus pupilas macabras, para comprender, al final, su soledad.

Pareciera que Verónica nos habla de un mundo anterior al nuestro, lejano en el tiempo pero cercano al corazón. Y por eso uno deja de ser el mismo después de leer la novela, como si se quisiera ser más empático y compresivo con los débiles, más justo con los villanos. Como si de pronto, nos hubiésemos dado cuenta de que aún podemos asombrarnos por el mundo, a pesar de sus calamidades.

Después de leer el libro, levantarás la cabeza al cielo y desearás ver un dragón cruzando las tormentas. Querrás aferrarte a la esperanza de que más allá de la guerra, existe el camino que nos llevará a ser más compasivos con los animales y con los débiles. Bajarás las armas de la desconfianza para tenderle la mano al extraño que te mira con tus propios ojos. Regresarás a tu mundo y darás gracias por la lectura. Te lo aseguro.

Hace poco tuve la fortuna de encontrar a Verónica y decirle “Gracias por escribir Loba, me cambiaste la percepción de muchas cosas”. Y yo doy gracias porque exista Loba, porque existan escritoras como Verónica Murguía; porque gracias a la literatura podemos hacer de este mundo, un lugar mejor; porque quiero que tú también te asombres con esta historia escrita desde el corazón.

Por un momento, te pido que intentes creer en la magia. Porque este libro tiene magia. ¿Y sabes? Cuando regreses a tu realidad, te darás cuenta de que ésta también es mágica, y que detrás de las tormentas, existe siempre la esperanza de que éste sea un lugar mejor. Eso fue lo que Verónica Murguía me enseñó y por eso, yo le doy las gracias.