Sobre poetuits y minificciones

La poesía es como una chispa que empieza un incendio sin fin. No se detiene, no mira hacia los lados, ni adelante, ni hacia atrás. No hay presente ni pasado, porque la poesía lo abarca todo. La poesía es un instante convertido en eternidad.

Las redes sociales han cambiado el rumbo del quehacer literario. Nuevas formas de expresión nos descubren en el movimiento continuo del día a día, y las tendencias salen a floten y comienzan a formar parte del debate creativo. Tal es el caso de los poetuits en la red social Twitter, una red que ha inspirado a muchos para desarrollar su creatividad en los pocos caracteres a través de los cuales el usuario puede interactuar con sus seguidores.

Twitter también ha abierto la puerta para que un sin fin de minificciones ocupen los timeline de los usuarios. Sin embargo, no todo poetuit es poesía, ni todo axioma es minificción.

Un poema es el nexo entre la poesía y el lector; es la posibilidad de eternizar un instante, un árbol, una lágrima, un algo que cambia nuestra existencia y nos deslumbra, algo irrepetible en el tiempo pero que puede quedar plasmado en el papel a través de los versos de un poema.

Pero hay que aclarar que no todo verso es poesía, ni todos los poemas tienen poesía. Se pueden desbordar los versos en la hoja y no decirnos nada, ni conmovernos, ni hacernos sentir los olores y los tactos del momento. Lo mismo sucede con los poetuits. No todo poetuit es poético; incluso, muchos de ellos llegan a caer en lo cursi, lo cual, tampoco es algo negativo; simplemente no tienen eso que transforma nuestro espíritu y que se llama Poesía. Se convierte sólo en un tuit más que se disolverá en la línea de tiempo y del olvido.

Lo mismo sucede con las minificciones, las cuales, aún por su brevedad, cumplen con una acción que puede o no estar concluida. Ante la limitante de tener pocos caracteres en cada tuit, la creatividad para desarrollar una historia en ese espacio puede llegar a ser fascinante. Pero también se puede caer en el axioma simple, en la idea, la reflexión o el pensamiento fugaz que no contiene las características propias de la ficción o que se pierde en un intento de ser anécdota nada más.

Sin embargo, las posibilidades para explotar la creatividad, y convertir así la brevedad en algo eterno, no dejan de asombrar a los usuarios. Quizá, la misma dinámica de comunicación actual, y el ajetreado diario vivir de la gente en las grandes ciudades nos llevarán (si no es que ya han comenzado a hacerlo) a crear una literatura breve (que no es lo mismo que literatura light), donde la imaginación y la exigencia de decir más con menos tendrán que ser determinantes.

De aquí, algún movimiento literario podría desprenderse. Un movimiento que hable por la gente, por el pueblo, y sea eso: el medio para que el ser humano trascienda de la brevedad a lo eterno. A lo divino.