Luis Fernando Escalona


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La música tiernísima de Gutiérrez Nájera

Destaca su inefable calidez, su coherencia y convicción. Se lee así, amoroso con su igual y paciente con la construcción lógica de sus pensamientos; por ejemplo, en una carta dirigida a Ángel Franco (quien en realidad era José Ferrel) donde, de manera cálida y amistosa, Gutiérrez Nájera responde a la pregunta de aquél sobre si era un defecto en castellano la prosa en verso, como lo era el verso prosaico (1).

Tras asegurar que no, si el asunto era poético por esencia, el autor de la misiva se extiende en una hermosa disertación sobre el tema. Ya que el señor Franco se presta a elogiar su discurso sobre el querido amigo Altamirano, refiriéndose al texto como la “música tiernísima de Gutiérrez Nájera”, adivinamos un dejo de humildad en las letras de éste, donde acepta que su discurso era prosa pero hablaba en verso sin saberlo; e incluso se afirma en la idea de que son “esos versos malos, como míos”. A pesar de esto, argumenta en su carta que no era malo prender versos en la prosa. Lo interesante, reitera el autor, “es transmitir a otros la sensación nuestra. El que lo consigue es verdaderamente un escritor”.

Y es que Gutiérrez Nájera era un hombre comprometido con la literatura. Lo podemos percibir en su forma de redactar esa misiva. Para él “no hay poetas ni prosistas, sino artistas y no artistas”. Pone ejemplos en autores franceses y adivinamos quizá, ahí, las influencias propias en el movimiento modernista, que se instaló con fuerza en la América Latina de esos años.

Si bien, una de las características propias del Modernismo es la musicalidad, Gutiérrez Nájera se apega a ella con gran elegancia y que hace, por ejemplo, que la letra “r” se retuerza… “retumba el período, relampaguea la frase descarada, raya la pluma el papel en que escribimos, ruedan rugiendo las palabras…”.

Acaba con una bella melodía su carta afirmando que “es bueno que la prosa tenga versos en ciertas ocasiones, porque es bueno llorar, y suele ser el verso una lágrima caída en el papel”.

Sus palabras son reflejo de su entrega misma hacia la literatura de su tiempo, hacia el espíritu que retozaba en el entorno, ávido de identidad. A pesar de hacer alegorías propias de la poesía clásica y las influencias europeas en torno al Modernismo, el máximo exponente de este movimiento en México se descubre fiel a sus convicciones, con hambre de romper las estructuras venidas de España y apegarse a la corriente, fundada por Rubén Darío, para darle voz a la voz de los demás. Incluso, Manuel Flores se ha expresado de Gutiérrez Nájera como un hombre que se respetaba a sí mismo y, por ende, “acabó por hacer respetables la literatura y la poesía”(2).

Fue tal su deseo de dar voz a las voces que fundó la revista Azul. Es prudente recordar que el color aludido era propio de los modernistas (tan es así como la obra de Darío que lleva el mismo nombre). Y es que el azul es infinito y evoca en su naturaleza misma lo onírico, lo fantástico y lo especial, recursos utilizados por los autores de este movimiento.

Ahora bien, el objeto de análisis al que nos invita la actividad se ha vertido, por elección propia, en su poema “Para entonces”, donde se percibe la esencia misma del escritor, pero ya en forma de versos sobre el papel. Fue, sin embargo, difícil la elección pues hay varios poemas que denotan distintas facetas y exploraciones del autor. “Mis enlutadas”, por ejemplo, sugiere un fraseo distinto y una cierta rima asonante en su cantaleta, aspectos bien logrados y que reflejan la búsqueda de los modernistas por romper estructuras, una de las características que, a mi parecer, serán relevantes y que nos llegan hasta nuestros días, como una ola sutil cuya espuma nos permite ya considerar a la rima como algo anticuado y fuera de contexto. El verso libre impera en la actualidad y su semilla viene floreciendo desde la época que nos ha ocupado analizar.

Hay en su trabajo una constante evocación a la tristeza y la melancolía, hacia la naturaleza, el mar y las aves. Pero basta ya: es imperioso detener las cavilaciones y avocarnos al objeto que nos trajo a este universo blanco, para lo cual se traslada el poema (3) mencionado, sobre el cual verteremos algunas reflexiones:

PARA ENTONCES

Quiero morir cuando decline el día

en alta mar y con la cara al cielo,.

donde parezca sueño la agonía.

y el alma un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,

ya con el cielo y con el mar a solas,

más voces ni plegarias sollozantes

que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz triste retira

sus áureas redes de la onda verde,

y ser como ese sol que lento expira:

algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven; antes que destruya

el tiempo aleve la gentil corona,

cuando la vida dice aún: “Soy tuya”,

aunque, sepamos bien que nos traiciona.

La estructura del poema se antoja sencilla, dividida en cuatro estrofas de cuatro versos cada una, endecasílabos todos ellos, con rima tipo ABAB.

Se presentan elementos constantes como el mar, el cielo y las aves. Hay un deseo de libertad, incluso en la manera como el poeta desea partir al otro lado del sol, o incluso expirar como él; pero también se percibe una cierta nostalgia en su adiós, pues sabe que al final, aunque la vida nos hace cómplices, su traición es inminente y se antoja como una mano que nos suelta a la orilla del abismo, para dejarnos ser uno con el cielo y su inmensidad.

Lo que más llama la atención, se encuentra en la última estrofa. Desde el primer verso, ya nos colma hacia el estremecimiento: “Morir, y joven”. Y no es que haya profecía en su poema, pero la ironía de la vida misma le cumplió su deseo, aunque de manera demoledora, pues con tan solo 35 años, Manuel Gutiérrez Nájera se convirtió en el ave que remontó a los cielos eternos, alcanzando con ello, también, y con su exquisito trabajo y entrega, lo que muchos escritores buscamos: un pedazo de inmortalidad.

Él es eterno y trasciende las fronteras de lo poético. Grande, musical.

(1) El ensayo mexicano moderno, volumen 1, páginas 85-89.

(2)Pineda Franco, Adela E., “Positivismo y Decadentismo”, Literatura y política en la escritura de Manuel Gutiérrez Nájera durante la consolidación del porfiriato, páginas 195-219.

(3) http://www.los-poetas.com/l/naj1.htm